|
UN POCO DE HISTORIA DEL TABACO (1RA. Parte)Por Alvaro y Gustavo Moreno Montes de Oca.- Queridos pipafumadores, resulta raro, y casi inaudito el que nos encontremos en el período gestacional del Club de Pipafumadores del Uruguay, ya que por herencia Amerindia fue en suelo Americano donde se desarrolló el cultivo y consumo social de tabaco, mucho antes de que el Viejo Continente supiese de su existencia en el globo terráqueo. Y sin ir más lejos, los Europeos deben agradecer sus buenos humos a Rodrigo de Xeres o más conocido por sus contemporáneos por Rodrigo de Triana; y quien fue este señor, nada más y nada menos que el vigía que anunció a Cristóbal Colón el avistamiento de tierra, el Nuevo Mundo. Rodrigo fue encargado por Colón de dirigir la primer avanzada en tierra con el fin de inspeccionar, a su regreso, en su segundo día de expedición, venia con la maravillosa visión de haber encontrado un pueblo que denominó de “hombres chimenea”, explicó que los salvajes donde quiera que fueran llevaban consigo un tubo marrón ardiendo por un extremo, se colocaban el otro extremo en la boca y parecían beber el tubo, después expulsaban el humo por la boca y la nariz, dando la impresión que disfrutaban de ello. Todo esto fue documentado por el monje Fray Bartolomé de las Casas, narra el primer contacto con el descubrimiento del tabaco; dice en su Historia de las Indias, hablando de esos deshollinadores hombres-chimeneas: (textual del Español antiguo) “Siempre los hombre con un tizón en las manos, toman sus sahumerios, que son unas hierbas secas metidas en cierta hoja, seca también, a manera de mosquete, y encendido por la una parte del, por la otra chupan o sorben o reciben por el resuello para adentro aquel humo; con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así diz que no sienten el cansancio. Estos mosquetes, o como los nombraremos, llaman ellos tabaco”. El conde Corti, en su libro “A History of Smoking”, cuenta una historia sobre el final de Rodrigo de Xeres entre sus pares, historia que carece de rigor documental, pero presenta ribetes anecdóticos, nos dice Corti: “Rodrigo de Xeres, volvió a España para hacer una demostración pública del acto de fumar, sacando rédito de su descubrimiento personal; acto con entrada gratuita y a la luz del día. Sucedió allá en Ayamonte ya hace mucho tiempo, pero los vecinos de Rodrigo aún no lo han olvidado. Después de ver al bueno de Xeres echando humo por sus orificios, sin quemarse, se convencieron de que el Diablo había tomado posesión de su cuerpo. El cura de la parroquia lo denunció al Santo Oficio, y fue sentenciado a pasar varios años en una cárcel de Sevilla. Cuando volvió a casa se encontró con que todos sus paisanos fumaban. Y sin que se les impusieran penitencias en la penitenciaria. Eso es fumar y guardar la forma. O, por otro lado, una metáfora sobre los hombres y las modas”. Fray Bartolomé de las Casas también narra en sus crónicas la fecha exacta de la registración de los descubrimientos por parte de los Cateadores (significado de buscadores de oro), la traída de noticias raras –como el expresara- fue documentada el 4 de noviembre para el hallazgo del maíz, y el 5 de noviembre para el primer contacto con la planta del tabaco en persona, en suelo Venezolano, donde los nativos unían las hojas doradas de la planta del maíz con el tabaco para fumarlo. (2da. Parte) Por Alvaro y Gustavo Moreno Montes de Oca.- Continuando con las locuras históricas del tabaco, vemos que desde su introducción en Europa existe un oscurantismo, desde la Edad Media hasta la época Victoriana en Inglaterra donde desembarca en la historia nuevamente el tabaco, cuando Raleight encendió su primera pipa en la Corte de Isabel I. Sir Walter Raleight (1554-1618), aventurero y escritor, nacido en Hayes Barton (en Devonshire); en 1578 partió para los establecimientos ingleses de América con su hermanastro, Sir Humphrey Gilbert, en una expedición de piratería contra los dominios españoles que estimuló su plan de crear allí un imperio inglés. En 1585, fundó la primera colonia Inglesa en Norteamérica, en la isla Roanote, en la actual Carolina del Norte, lugar donde tomó contacto por primera vez el bello arte de fumar en pipa –antigua costumbre de indígenas Norteamericanos-, fue luego armado caballero y se convirtió en uno de los personajes más poderosos de Inglaterra, por consiguiente al ser tan bien visto, no fue otra cosa que imitarlo lo que convirtió a los Ingleses de la época a fumar en pipa. Siguiendo la tradición de fumar en pipa en Inglaterra, Sir Arthur Conan Doyle –creador de Sherlock Holmes y fumador de pipa- inmortalizara la fumada en pipa en manos de este personaje de novela fumando su clásica pipa acodada con su interior de espuma de mar y recubierta exteriormente con una variedad de calabaza africana (por lo que recibe el nombre de Calabash), calabaza que proteje de los cambios bruscos de temperatura a la espuma de mar; Sherlock fumaba su pipa perdido en el humo, mientras resolvía relajadamente sus casos mediante la deducción y la lógica –casi nada el lugar que le toco a la pipa aquí. Otra de las pipas famosas y antiguas el la pipa de Cioxa, con más de 400 años de historia Desde los primeros años del siglo XVI hasta el final de la segunda guerra mundial se fabricaron en el Veneto (Italia) estas curiosas pipas de arcilla ahora recuperadas, son las pipas en que fumaron nuestros bisabuelos, pipas de terracota frescas. Queridos pipafumadores, yendo un poco más acá de la historia, como todos saben antes de pisar suelo Cubano Ernesto “Ché” Guevara, nacido en el seno de una familia de clase media de Rosario (Argentina), obtuvo el Doctorado en Medicina por la UBA en 1953, era asmático por lo que no tocaba un puro ni con una boquilla larga. Pero de hecho en su “Manual para todo guerrillero”, Guevara recomendaba la pipa como el artefacto ideal para fumar así en la paz como en la guerra, expresaba: “La pipa es fácil de llevar, fácil de fumar, fácil de ocultar y difícil de ser detectado por el enemigo del pueblo o del fumar”. Luego Ernesto Guevara –que ignoraba al momento de escribir el manual algunas particularices enquistadas en el pueblo Cubano-, desecha el uso de la pipa y comienza a fumar habanos cuando descubrió que, en Cuba, la pipa era considerada tan gringa que se la llamaba cachimba, femenino de cachimbo el revolver de seis balas del otro Oeste. ALGO SOBRE EL BELLO ARTE DEL HUMO PIPERO (3ra. Parte) por Alvaro y Gustavo Moreno Montes de Oca.- Queridos piperos, otra vez a las andadas para hacer de la fumada de pipa un verdadero culto. Ya sabemos como hacer la limpieza profunda de nuestras pipas con horas de batalla –ni que hablar de la favorita de nuestro aren pipero-, también vimos como cuidar después de cada quemada de tabaco nuestra pieza, pues manos a la obra ahora con el primer paso de la fumada, nada mas y nada menos que la “carga de la pipa”. Es importante no hacer uso de la pipa de forma automática como los fumadores de cigarrillos, pues entre otras diferencias, nosotros disfrutamos desde el vamos cada momento previo que hará un todo con la fumada y posterior limpieza; lo nuestro en un rito, lo nuestro en un placer conciente. Entonces como los estamos haciendo mientras realizamos el pequeño artículo, debemos encontrarnos en un completo estado de relajación, nuestro espíritu debe estar abierto a recibir todos los estímulos placenteros de la fumada en pipa. Tomemos nuestros tabaco preferido, tomemos una pequeña cantidad de este entre los dedos, las hebras deben estar sueltas, de no ser así podemos frotar el tabaco entre los dedos o como muchos gustosos colocar sobre la palma de la mano y con el pulgar de la otra frotarlo, comenzando a disfrutar su aroma y textura. Tomamos el tabaco y lo dejamos caer en el fondo de la cazoleta presionándolo muy suavemente. Repetimos la operación y con cada añadido de tabaco aumentamos la presión con el atacador; cabe destacar que hay quienes cargan en tres tiempos y quienes gustan de cargar hasta en cinco tiempos. Pero es de destacar que la tradición de los viejos piperos aducen que se debe cargar en tres tiempos, y es tan así, que parafrasean que “la primer carga debe retacarse con la fuerza de un niño, la segunda con la fuerza de una mujer y la tercera y ultima con la fuerza de un hombre –claro que estos tradicionalistas no conocen a mi suegra, sino le dejaban la ultima carga-. Ya retacado nuestro tabaco, tenemos que constatar que nuestra pipa “tira”, vale decir que podemos hacer circular aire desde la boca del hornillo hasta el extremo de la boquilla, de no ser así, como lo nuestro es un placer ritual, quitamos el tabaco lo procesamos retacado nuevamente. Seguir los pasos es importante para disfrutar y para nuestra pipa, ya que el excesivo retacado acelera la combustión, elevando la temperatura de la cazoleta, y haciendo que nuestro bello humo sea de sabor fuerte y muy caliente –aquí si perjudicial para la salud de nuestra mucosa bucal-; el retacado flojo no dejará una combustión optima, haciendo que nuestra pipa se apague continuamente y no permite catar el sabor de nuestro tabaco. Tan importante es este paso que en caso de realizar una competencia de Fumada lenta, no tendríamos chance ya que el retacado excesivo acelera la combustión de nuestra carga y el retacado flojo al hacer apagar la pipa intermitentemente –y en las competencias se dan solo dos fósforos- no nos permitirá culminar nuestro tabaco. Por eso a practicar que en algún momento tendremos que salir a confraternizar con nuestros hermanos Argentinos y Brasileros, de gran experiencia en esas lides piperiles. (4ta. Parte) Por Alvaro y Gustavo Moreno Montes de Oca.- Queridos pipafumadores, regresamos, esperamos que tomen un poco de tabaco, fósforos largos de madera –para tan pocas páginas uno basta-, la pipa favorita de nuestras horas de relajación y placer, y comenzamos a cabalgar por la historia. No olviden cargar la pipa en tres etapas: tercio inferior poco condensado (cámara de combustión), un tercio medio algo mas denso y por último el tercio final mas condensado, ojo, antes de prender cotejemos el tiraje, si no, a desarmar y cargar nuevamente, los placeres se disfrutan con tiempo. Recordemos a nuestro benefactor Rodrigo de Xeres el vigía de Cristóbal Colón que regresó con la noticia de los hombre chimenea, Rodrigo atrapó el vicio y fue atrapado por éste en menos tiempo, recordemos como de vuelta en España, en su Ayamonte natal, su mujer lo sorprendió fumando en su habitación: su único vicio pero un vicio oculto, y sumado a sus exhibiciones de fumadas, ella devota y máxime en la Edad Media, pensó que Rodrigo había hecho un pacto con el Diablo y salió corriendo a denunciarlo al Santo Oficio de la Inquisición. Pasamos ahora a Francia, donde vivía gente más tolerante, a pesar de estar sometidos a una reina cruel, Catalina de Medici, tan despiadada y fanática como la Inquisición, ella sola; el tabaco prosperó de todas maneras. Catalina de Medici tenía a un buen hombre como embajador en Portugal, Juan Nicot, lingüista y compilador del mejor diccionario francés de la época. El embajador Nicot envió a su reina algunas semillas (tabac de l’Amérique) para que fueran plantadas, cultivadas y las hojas usadas –un polvo potente- como medicina para gárgaras y como vomitivo. Recomendó el tabaco como particularmente bueno para inhalaciones y como dentífrico –acotación, damos fe de que no como entendidos en la materia-. Nicot llamó al tabaco la Planta Sagrada. Pero en Francia se la denominó la Hierba de la Reina. A cambio, el tabaco lo recompensó a él: a Jean Nicot no se le conoce hoy como filólogo de genio, sino como el hombre que dio el nombre científico a la planta de tabaco, “Nicotiana tabacum”, y a la nicotina, el alcaloide que aporta al tabaco su valor como droga. Es también aquello que te ensucia los dedos y los dientes cuando fumas –por suerte para el bolsillo de los odontólogos-. Como un último homenaje a Jean Nicot, en 1961 se fundó en Francia la “Confrerie de Juan Nicot”, hermandad llamada la “Académie de fumeurs et d’amis du tabac”. Esta academia de fumadores está compuesta de ochocientos amigos del tabaco, dividida en dieciséis secciones regionales. La ironía de todo ello reside en que no existe ninguna prueba de que Nicot fumara, oliera o mascara tabaco. Nos despedimos hasta otra bocanada de humeante historia.
|